¡Hola, soy tu hígado! Soy una de tus vísceras principales, tanto en tamaño como en importancia. Por si no lo sabías, el resto de mis compañeras vísceras, entre otras, son: los pulmones, el corazón, el páncreas y el bazo.

Hago muchísimas cosas (más de 500), pero estoy especialmente orgulloso de la síntesis de proteínas plasmáticas, la función desintoxicante, el almacenaje de vitaminas, y la secreción de bilis, que aunque suene fatal, es algo esencial para que sigas vivo.

Los que me conocen bien, saben que soy de esos que no les gusta dar la lata. Aguanto mientras puedo, y me cuesta avisar de mis problemas a mi dueño. Por decirlo de alguna manera, no duelo, aunque esté malito. Con eso no quiero decir que otras partes de tu cuerpo sean unas latosas, sino que tienes que aprender a cuidarme y estar atento a los análisis de sangre para asegurarte de que sigo estando en condiciones. Mi apartado preferido de los análisis es ese que se llama “transaminasas”.

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Con la colaboración de Janssen